miércoles, 27 de mayo de 2009

Mi confrontación con la docencia

Compartiré con ustedes una parte de mi vida: como me incorporé en la docencia y las experiencias que en ella he tenido.
Estudié un bachillerato en ciencias químico-biológicas y una licenciatura en ingeniera industrial. En mi época de estudiante estaba de moda el uso de las calculadores texas y su característica principal de que podían programarse. Así que me interesó la computación y la estudié un poco. Los estudios que menciono en este párrafo los hice únicamente porque me llamaban la atención, se me facilitaban y me gustaban, nada más.
Cuando egresé estaba totalmente desorientada y lo único que sabía es que tenía que buscar un empleo, así desempeñé trabajos donde apliqué un poco la ingeniería industrial y la química. En esta búsqueda y de manera casual me ofrecieron impartir clases en un plantel del Conalep. Me dieron a elegir entre varias materias y me incliné por el área de computación. Inicié así mi experiencia docente.
La base de donde partí para estar frente un grupo fue la formación académica que tenía, desconociendo todo lo relacionado con la enseñanza.
Al principio fue como cualquier otro trabajo, desempeñarme en él con mi mejor esfuerzo y a cambio recibir un salario.
Solo que han transcurrido ya diecinueve años y continuo en la docencia porque me ha dado grandes satisfacciones, planteado grandes interrogantes y enfrentado a grandes retos. ¿Por qué?
Al inicio lo único que tenía claro era que debía estar frente un grupo y lograr que aprendieran los contenidos de los programas de las diferentes asignaturas, ese era mi trabajo. Inicié con mucho nerviosismo y durante la clase me sentía vigilada en cada una de mis acciones y movimientos, y que cualquier falla detectada sería detectada inmediatamente y por supuesto sancionada. Poco a poco fui sintiéndome segura y adquiriendo confianza con mis grupos. Pero empecé a enfrentarme con otro problema: cómo debía explicar, que podría hacer para que aprendieran, como llevar a cabo las actividades, hasta la elaboración de un examen era desgastante para mí, lo elaboraba una y otra vez, hasta lograr que las preguntas fueran entendibles (al menos para mí). Muchas veces me invadía la desesperación.
Empecé a buscar libros que explicaran de una forma fácil y entendible los temas, cuando encontraba alguna técnica o ejercicio que me parecía apropiada la aplicaba en la clase, con la participación de los alumnos me percaté que ellos tenían mucho que aportar, solo era cuestión de involucrarlos. Fue así, por ensayo y error que aprendí técnicas y apliqué estrategias buscando hacer más fácil mi trabajo y el aprendizaje para los estudiantes.
La escuela nos impartía algunos cursos de los que obtuve conocimientos que empezaron a facilitar mi labor, introducciones a las diferentes teorías del aprendizaje, a la evaluación, etcétera, pero aún no comprendía del todo la importancia de trabajar en la docencia.
Al principio de mi formación docente solo buscaba como facilitar mi trabajo en el aula y que los alumnos se sintieran cómodos y aprendieran.
Tome un curso de habilidades docentes con el ITESM y fue la primera ocasión en que tuve (por así lo pedía el curso) que reflexionar sobre mi práctica docente, reconocer que aplicaba la enseñanza tradicional tal y como yo fui formada en mis años escolares y a partir de ahí empezar a cambiar hacia alguno de los modelos de las diferentes teorías, con el fin de propiciar una aprendizaje significativo.
Poco a poco fui descubriendo que esto no es todo, que en una escuela los alumnos no solamente adquieren un conocimiento sino que también se forman como humanos.
Otra vez las dudas, la confrontación conmigo misma, el tratar de pensar que si la mayoría decía que era buena maestra solo tenía que seguir manteniéndome así, pero me ganó la inquietud de saber más sobre educación, de cómo contribuir en la formación humana y no solo académica de mis alumnas y alumnos.
Fue así como decidí estudiar una maestría en educación (inconclusa porque no me he titulado), a pesar de que saber que mi trabajo docentes no es estable (trabajamos por contratos y cada inicio de semestre es de incertidumbre), de que podía elegir algo relacionado con mi trabajo matutino (estable) que es la informática. No importando lo anterior elegí estudiar algo que me proporcionara conocimientos de mi persona, de la educación y su contexto, de los retos que debemos enfrentar quienes estamos inmersos en este campo y muchas interrogantes sobre mi labor y la forma de educar. En esta ocasión, a diferencia de mi bachillerato y licenciatura, sí hice una elección de lo que quería estudiar.
Dudas e interrogantes aún tengo muchas y espero que surjan más. Por eso estoy en este curso. Para enriquecerme a mí y enriquecer mi práctica docente. Por qué la formación no es de un momento o etapa, es continua.

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